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La mandataria ha manifestado su intención de que Perú forme parte del denominado "Escudo de las Américas", una iniciativa promovida por el gobierno estadounidense
Fujimori ya asistió, cuando todavía era candidata presidencial, a la investidura de Kast, con quien existe sintonía para colaborar especialmente en asuntos migratorios de cruces de ciudadanos de terceros países. EFE/ J. Reyes
La llegada de Keiko Fujimori a la Presidencia de Perú fortalece la cercanía del país con el bloque de gobiernos de derecha en América Latina, afín a la administración del presidente estadounidense Donald Trump. Al mismo tiempo, China reafirma su posición como el principal socio comercial de Perú, impulsada por el desarrollo del puerto de Chancay, considerado un punto estratégico para ampliar la presencia e influencia del país asiático en Sudamérica.
Aunque Donald Trump no expresó un respaldo público a Fujimori durante la campaña electoral ni la felicitó de manera directa tras su victoria, la mandataria ha manifestado su intención de que Perú forme parte del denominado "Escudo de las Américas", una iniciativa promovida por el gobierno estadounidense para fortalecer la cooperación regional en el combate al crimen organizado transnacional.
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La mayoría de los líderes de América Latina presentes en aquella fotografía inaugural del 'Escudo de las Américas' asistirán a la investidura de la hija y heredera política del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000), prevista para el próximo martes 28 de julio, fecha en la que Perú celebra su independencia.
Es el caso de los mandatarios de Argentina, Javier Milei; de Bolivia, Rodrigo Paz; de Chile, José Antonio Kast; de Ecuador, Daniel Noboa; y de Paraguay, Santiago Peña.
Fujimori ya asistió, cuando todavía era candidata presidencial, a la investidura de Kast, con quien existe sintonía para colaborar especialmente en asuntos migratorios de cruces de ciudadanos de terceros países, principalmente de Venezuela.
No estará en el acto del martes el presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, con el que se espera que se normalicen las relaciones entre ambos países, después de que se rompiesen cuando Gustavo Petro reclamó la restitución del encarcelado presidente Pedro Castillo y no reconoció a Dina Boluarte como su legítima sucesora.
Incertidumbre con México
Más difícil de recomponer son las relaciones rotas con México, también después de que el entonces Gobierno de Andrés Manuel López Obrador demandase la libertad de Castillo y no reconociese tampoco a Boluarte, postura que ha sostenido su sucesora, Claudia Sheinbaum.
Todo dependerá de la postura que adopte la nueva mandataria peruana respecto de la solicitud de gracia presidencial presentada por Castillo para quedar exonerado del cumplimiento de la condena de 11 años y cinco meses de prisión impuesta por su fallido intento de golpe de Estado.
También está pendiente de respuesta la solicitud de salvoconducto para Betssy Chávez, ex primera ministra de Castillo, que ha recibido la misma pena que el expresidente pero, en su caso, cuenta con asilo de México y permanece en la residencia de la embajada mexicana en Lima.
Respecto a Venezuela, Perú anunció el viernes, en plena transición de Gobierno, que reanudará las relaciones bilaterales que llevaban rotas desde 2024, cuando el Ejecutivo peruano reconoció como presidente electo al opositor Edmundo González Urrutia, en lugar del ahora encarcelado Nicolás Maduro.
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El contrapeso de China
Mientras tanto, el acercamiento más profundo a la órbita estadounidense que pretende Fujimori puede tener incidencia en los lazos de Perú con China, su principal socio comercial actualmente, que tiene en el territorio peruano uno de sus enclaves estratégicos con el puerto de Chancay, donde la naviera estatal china Cosco ha invertido 1.300 millones de dólares.
Como accionista mayoritario del puerto, la empresa china deberá decidir en los próximos años si emprende la segunda etapa del proyecto, que requerirá una inversión similar, en un contexto en el que Fujimori ha impulsado un mayor acercamiento militar con EU, con propuestas como la compra de aviones F-16 y la construcción de una nueva base de la Marina de Guerra del Perú.
También están en el horizonte los estudios de proyectos para diseñar la ruta ferroviaria que conectaría Chancay con el puerto brasileño de Bahía, una obra faraónica que China quiere impulsar para abrir esa ruta comercial
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