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Nos mintieron en la primaria. Nos mintieron en la secundaria. Nos mintieron los libros de texto y, muchas veces, también los discursos políticos.
Nos enseñaron una historia sencilla de entender: había buenos y malos. Los españoles eran los villanos, los indígenas las víctimas, Hernán Cortés conquistó México con apenas unos cientos de hombres, durante 300 años fuimos esclavos del Virreinato y finalmente Miguel Hidalgo nos liberó de España para convertirnos en mexicanos.
El problema es que casi nada ocurrió exactamente así.
No me malinterprete. No pretendo negar las atrocidades que ocurrieron durante la conquista ni idealizar el Virreinato de la Nueva España. Hubo guerras, epidemias, explotación y enormes desigualdades sociales. Pero también es cierto que nos han enseñado una historia profundamente simplificada que responde más a la construcción del nacionalismo mexicano del siglo XIX que a las conclusiones de la historiografía moderna.
Tomás Pérez Vejo, investigador del INAH y uno de los principales especialistas en la construcción del nacionalismo mexicano, sostiene que la identidad nacional fue construida bajo un relato casi religioso: nacimiento (el México prehispánico), muerte (la conquista española) y resurrección (la Independencia). Una narrativa extraordinariamente útil para construir un Estado-nación, pero no necesariamente para comprender nuestra historia.
Algunas de las grandes mentiras históricas que todavía repetimos son las siguientes:
1.- "Los españoles conquistaron México"
No. España no conquistó México porque México no existía en 1521.
El concepto político denominado México nacería tres siglos después. Lo que existía era el Imperio Mexica, que dominaba a decenas de pueblos indígenas que pagaban tributos y que, en muchos casos, eran sus enemigos.
Miles de tlaxcaltecas, totonacos, huejotzingas y otros pueblos indígenas lucharon junto a Hernán Cortés contra Tenochtitlan. Algunos historiadores calculan que por cada español participaron decenas o incluso centenares de guerreros indígenas aliados.
Matthew Restall, profesor de la Universidad Estatal de Pensilvania y autor de "Seven Myths of the Spanish Conquest", sostiene que uno de los grandes mitos históricos es atribuir la conquista únicamente a unos cuantos centenares de españoles. La caída de Tenochtitlan fue también una guerra civil mesoamericana y una compleja red de alianzas indígenas.
2.- "Hernán Cortés derrotó al imperio más poderoso de América"
Tampoco es del todo cierto.
El Imperio Mexica era extraordinariamente poderoso, pero gobernaba mediante la imposición de tributos sobre numerosos pueblos sometidos. Buena parte de sus enemigos vio en la alianza con Cortés una oportunidad política y militar.
Paradójicamente, fueron más indígenas quienes combatieron contra los mexicas que españoles presentes en el sitio de Tenochtitlan.
3.- "Durante 300 años fuimos una colonia española"
No exactamente.
La Nueva España fue un Virreinato de la Monarquía Hispánica y jurídicamente sus habitantes eran considerados vasallos del rey, no habitantes de una colonia en el sentido británico del siglo XVIII.
¿Significa esto que existía igualdad? Por supuesto que no. Existían castas, privilegios y enormes desigualdades sociales. Pero hablar del Virreinato utilizando conceptos políticos del siglo XXI es históricamente incorrecto.
La propia legislación española reconoció derechos para las comunidades indígenas mediante las llamadas Leyes de Indias, aunque en innumerables ocasiones estas no fueron respetadas en la práctica.
4.- "Los españoles exterminaron a todos los indígenas"
No.
La población indígena sufrió una catástrofe demográfica devastadora, pero los historiadores coinciden en que la principal causa fueron las epidemias traídas desde Europa, particularmente la viruela, el sarampión y otras enfermedades para las cuales no existían defensas inmunológicas.
Se estima que la población indígena disminuyó dramáticamente durante el siglo XVI, siendo las epidemias responsables de la mayor parte de las muertes.
Eso no excluye la existencia de abusos, explotación o violencia, pero atribuir la totalidad del desastre demográfico únicamente a la guerra es incorrecto históricamente.
5.- "Miguel Hidalgo nos independizó de España"
La realidad es mucho más compleja.
Miguel Hidalgo murió once años antes de consumarse la Independencia. Además, al inicio del movimiento insurgente no se buscaba necesariamente la separación absoluta de España, sino el reconocimiento de Fernando VII como rey legítimo frente a la invasión napoleónica.
La independencia fue producto de múltiples procesos políticos, militares e ideológicos que involucraron tanto a insurgentes como a antiguos realistas encabezados finalmente por Agustín de Iturbide.
6.- "Los mexicanos descendemos únicamente de los pueblos indígenas"
Tampoco es verdad.
México es una nación mestiza en todos los sentidos posibles. Nuestra herencia es indígena, española, africana y asiática. Desde el siglo XVI llegaron al Virreinato no solamente españoles, sino también esclavos africanos y miles de asiáticos provenientes del llamado Galeón de Manila.
Negar cualquiera de estas raíces históricas equivale a negar una parte de nosotros mismos.
¿Por qué nos enseñaron esta historia?
La respuesta es sencilla: porque las naciones necesitan relatos fundacionales.
Después de la Independencia y, particularmente, tras la Revolución Mexicana, era necesario construir una identidad nacional que unificara al país. El relato del "pueblo indígena conquistado que resurge como nación independiente" resultó extraordinariamente eficaz desde el punto de vista político.
Tomás Pérez Vejo sostiene que el nacionalismo mexicano necesitó imaginar una historia simple, emocional y fácilmente comprensible para millones de ciudadanos. El problema es que la historia rara vez es sencilla.
A ello debemos sumar la llamada Leyenda Negra Española, una narrativa histórica surgida en Europa desde los siglos XVI y XVII que enfatizó los aspectos más negativos del Imperio Español y que posteriormente fue incorporada, parcialmente, por algunos nacionalismos latinoamericanos para explicar sus propios relatos fundacionales.
Sin embargo, numerosos historiadores contemporáneos advierten sobre los riesgos de sustituir la Leyenda Negra por la Leyenda Rosa. Ni España fue un imperio exclusivamente genocida ni el Virreinato fue una utopía multicultural y perfecta.
Ambas posiciones son propaganda.
Quizá el mayor problema de nuestra educación histórica es habernos obligado a escoger entre buenos y malos. La historia no funciona así.
No somos hijos exclusivos de Cuauhtémoc ni tampoco de Hernán Cortés. Somos herederos de ambos mundos y de muchos otros que se encontraron, se enfrentaron y finalmente construyeron aquello que hoy llamamos México.
Tal vez llegó el momento de dejar de preguntarnos quién fue el villano y comenzar a preguntarnos quiénes somos realmente.
Porque una nación suficientemente madura no necesita mitos para sentirse orgullosa de su historia. Necesita conocerla.
- Matthew Restall, Seven Myths of the Spanish Conquest, Oxford University Press (2003).
- Matthew Restall, "Los tres grandes mitos sobre la caída de Tenochtitlan", proyecto Noticonquista de la UNAM.
- Tomás Pérez Vejo, México, la nación doliente. Imágenes profanas para una historia sagrada (INAH-Grano de Sal, 2024).
- Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), conferencias y boletines sobre nacionalismo e identidad mexicana.
- Enrique Krauze, "Contra los falsos indigenismos e hispanismos", El País (2026).
Nota editorial: Esta columna recoge interpretaciones ampliamente discutidas por la historiografía contemporánea. Su propósito es cuestionar simplificaciones históricas y promover una comprensión más compleja del pasado mexicano. La existencia de debates académicos sobre algunos aspectos no invalida el consenso historiográfico respecto a que la Conquista y el Virreinato implicaron tanto violencia y desigualdad como procesos de mestizaje, construcción institucional y transformaciones culturales profundas.
Karen Anderson


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